Adnan Latif

El que muera en los campos, muere asesinado.
¡NI PERDÓN NI OLVIDO!

A continuación se reproduce mi traducción al castellano de la carta del secuestrado suicidado del campo de Guantánamo, Adnan Latif, que se suicidó cuando el gobierno estadunidense había pasado 1 año negándose a cumplir el recurso de amparo otorgado por la jurisdicción de dicho país. Esta es la realidad del arquipiélago de campos de concentración y centros de tortura en plena época de “cambio” y “esperanza”.

Aquí en EEUU no habrá lágrimas por Adnan Latif. No habrá velatones ni funas a los que lo llevaron él y a tantos otros secuestrados, a morir de esa manera, porque aunque la mayoría de la población detesta la tortura, aquí nadie tiene amigos torturados ni familiares torturados. Las víctimas de este arquipiélago de la muerte en vida, son puros extranjeros con nombres que la gente de acá a duras penas sabe pronunciar, de lugares que ni pueden ubicar en el mapa. Así que la tortura y la muerte de estos campos permanece una abstracción académica, una cuestión moral sin interés personal. Y de esa manera se ratifica la impunidad brindada por el estado a los verdugos y torturadores. 

Aquí cabe citar el discurso pronunciado por Ariel Zuñiga ante la muerte criminal de 81 jóvenes presos de la Cárcel de San Miguel:


Esta wea no merece velas, merece dinamita para volar las murallas, ¡conchesumare!


A veces se expresa el temor de que, una vez en libertad, los secuestrados pudieran intentar vengarse. Que lo hagan. Mientras nosotros aquí no arreglemos a los verdugos y sus jefes sanguinarios, es el maldito derecho de las víctimas, tomar la cuestión en sus propias manos. Si los verdugos no van presos, que pasen el resto de sus miserables vidas con miedo. 

Se dice que Adnan Latif – al igual que varios otros a lo largo de estos años – se habría suicidado. Para nada. El que muera en esos centros de tortura, muere asesinado, aunque el tiro se lo pegue él mismo. Los torturan sicoloógica y físicamente, les quitan a sus amigos y sus familias y sus hogares, arrancándolos de todo lo que conocen y metiéndolos en este pozo de mierda, aislándolos, negándoles comida, alimentándolos de manera violenta si se declaran en huelga de hambre. Los profesionales que han jurado ayudar a los enfermos y los menesterosos, colaboran en su destrucción. Les convierten la vida en muerte, y luego cuando la transformación se consume, dicen que se suicidaron. Mentirosos reculiaos.

Que quede claro: No hay suicidas en Guantánamo, ni en Bagram, ni Abu Graib ni los otros centros de muerte en vida cuyos nombres ni conocemos. ADNAN LATIF FUE ASESINADO.

TEXTO DE LA CARTA DE DESPEDIDA DE ADNAN LATIF


David Remes [defensor de Adnan Latif],

Haga lo que quiera, la cuestión ya quedó zanjada.

Me alegro de expresarme desde esta oscuridad y pintar el cuadro verdadero de las condiciones en las cuales existo. Me muevo hacia una cueva oscura y una vida tenebrosa en la sombra de una cárcel tenebrosa. Esta es una cárcel que no conoce la humanidad, y no sabe nada salvo el lenguaje del poder, de la opresión y la humillación a cualquiera que llegue a ingresar. No distingue entre el criminal y el inocente, ni entre los sanos y los enfermos, ni entre el anciano débil que ya no aguanta más y el hombre que sigue soportando todo eso de la administración carcelaria malvada y despiadada.

Aquí el único lenguaje que se ocupa es la dureza. Cualquiera que pueda morir, de esa manera podrá alcanzar la felicidad, que no le queda otra esperanza. El requisito es anunciar el final y desfiar el amor a la vida y el alma que insiste en acabarlo todo y dejar esta vida que ya no se le puede decir vida, que en cambio se ha convertido en la muerte y la tortura continua. Acabarlo es una merced y felicidad para esta alma.

Ya no permitiré más y le daré fin. La trasladaré a un mundo mucho mejor que éste. Allá se resuscitará la vida verdadera, llena de felicidad total y libre de hostigamientos. Allá el ambiente se esclarecerá, las cosas se calmarán y te podrás descansar, sin ver el mundo de los malvados.

Me falta una persona que me haga la vista gorda, dejándome la libertad de escoger mi fin. Con todos mis dolores me despido de ud. y el grito de la muerte deberá bastarle.

Una potencia mundial no resguardó la paz y los derechos humanos y se negó a salvarme. Haré todo lo que pueda para desbarazarme de esta muerte que me imponen en todo momento en esta cana.

26.12.2010