Publicación original (en inglés)

 

Queridos compañeros,

La presente viene de Ta pedía tis galarias (TPTG) un grupo griego de comunistas antiautoritarios que publica una revista del mismo título.[i] Escribimos la presente carta en un momento decisivo para la luche de clases en Grecia, un momento en que los atentados capitalistas al proletariado griego se hacen cada vez más agudos. El gobierno griego, en estrecha colaboración con la UE/FMI acaba de anunciar un nuevo paquete de medidas de austeridad, apuntadas a nuestro sueldo directo e indirecto (despidos masivos en el sector público, rebajas de salarios y previsiones, nuevos impuestos sobre los ingresos, rebajas de pensiones, un impuesto al sufragio, nuevos impuestos sobre los inmuebles, y otros muchos…), además de las reformas generales que afectan las condiciones laborales, las pensiones y el sistema de educación superior. Ante todo esto van reapareciendo focos de resistencia tras tres meses de hibernación social.

Hemos participado activamente de muchas luchas de clase que han ocurrido en Grecia en los últimos años. A través de esas luchas nos hemos dado cuenta de que hay cuatro tareas prioritarias en la coyuntura actual:

a) Enfrentamiento con la política del dinero (o sea, el terrorismo de la crisis de la deuda recién implementado, en sí mismo expresión de una crisis capitalista más profunda).

b) Coordinación y comunicación entre proletarios que participan de las varias luchas de clase autoorganizadas,

c) Enfrentamiento con la política del estado, la policía y los medios de comunicación, que fortalecen divisiones que ya existen entre nosotros o crean divisiones nuevas, y

d) Cooperación internacional entre los que entienden que estas medidas y políticas no se limitan a un solo país.

Respecto de las últimas dos, siempre hemos tenido, y seguimos teniendo mucho interés en entender las estrategias policiales – antes, durante y después de las manifestaciones y/o disturbios que tienen lugar en todo el mundo. Desde la rebelión del diciembre de 2008, nosotros, entre cientos de miles de otros, hemos participado de varias manifestaciones, algunas de las cuales se han convertido en minidisturbios (p. ej. 5 de mayo de 2010, 15, 28 y 29 de junio de 2011) y por lo tanto hemos enfrentado la repre violenta y la política de “tolerancia cero” de fuerzas policiales armadas hasta los dientes. Debido a esa experiencia, nosotros y otros compañeros quisimos indagar en los casos de disturbios y repre policial a nivel mundial, además de las teorías actuales sobre la conducta colectiva y la psicología multitudinaria, sobre todo las teorías que abordan la temática desde la perspectiva policial, como la que pasamos a comentar a continuación, para desarrollar nuestras propias contraestrategias. A nuestro juicio, se trata de una cuestión bastante esencial, especialmente ahora que tanto la magnitud como la frecuencia de los atentados del capitalismo y nuestras luchas se han aumentado.  Necesitaremos su ayuda, pero antes que nada quisiéramos compartir con ustedes algunas informaciones que a lo mejor no conocen, para que todos sepamos dónde nos encontramos y cuáles han sido los progresos hechos por el campo enemigo.

Tras una investigación cuidadosa de la literatura internacional relevante que se encuentra en el Internet, dimos con la obra teórica de unos psicólogos sociales que colaboraban con la policía en el Reino Unido como S. Reicher, C. Stott y, ¡qué sorpresa! J. Drury.[ii] Para los que no conozcan este nombre, J. Drury – o más precisamente Dr. John Drury, como se conoce en el entorno académico (y no sólo ese entorno), es un miembro activo del grupo comunista británico Aufheben desde un comienzo.

Este descubrimiento sorpresivo nos dejó a todos con una sensación un poco incómoda y perpleja, tratando de pensar en todas las explicaciones posibles para la actitud de Drury. Conocemos al grupo Aufheben desde hace muchos años y nos interesa mucho su trabajo teórico, una parte de lo cual nos emociona mucho. Cabe decir que hace seis años fuimos cotraductores y coeditores del panfleto de Aufheben Behind the 21st Century Intifada[iii] con otros compañeros en Grecia.

Al examinar el perfil de Drury en la página web de la Universidad de Sussex dimos con cada vez más sorpresas desagradables. Allí descubrimos que Drury

“ha trabajado como asesor del Nacional Police CBRN Centre, OTAN/División de Planificación de Urgencias, Departamento de Salud, Birmingham Resilience, y el Secretariado de Contingencias Civiles,” mientras “opera un curso de desarrollo profesional permanente sobre la psicología de la gestión de grandes grupos para profesionales de la materia,” además de que “trabaja como docente del curso de la gestión policial de incidentes mayores en la Universidad de Liverpool”. [iv]

Igualmente descubrimos que Drury fue coautor de un artículo científico interesante, con el título: Knowledge-Based Public Order Policing: Principles and Practice (Mantenimiento policial del orden público basado en el conocimiento: Principios y práctica), que fue publicado en Policing: A Journal of Policy and Practice. Se trata de una revista “de alcance internacional” que “se dirige a las altas escalafones policiales, investigadores, políticos y académicos con comentarios críticos y análisis de políticas y prácticas actuales, prácticas internacionales comparadas, desarrollos jurídicos y políticos e investigación académica” y “se basa en ejemplos de buenas prácticas de todo el mundo y examina los estudios académicos actuales, analizando cómo aplicar los resultados de dichos estudios tanto en la estrategia global como en el nivel de la práctica.”[iv]

El artículo de Drury y colegas comenta “estrategias, tácticas y tecnologías” [vi] (p. 404) que “fomentan la conciliación en vez del conflicto” (p. 404) entre la policía y los grupos sociales, permitiendo “intervenciones tempranas, convenientes y calculadas antes de que un conflicto pueda llegar al nivel en el que sólo sirvan las medidas más drásticas.” (p. 412) Según ellos, su acercamiento se puede aplicar en la práctica (efectivamente se aplica, como veremos a continuación) y “transformar eficazmente las relaciones entre la policía y la muchedumbre en relaciones positivas” (p. 404),por lo tanto “puede explotar de manera ventajosa las oportunidades inherentes en los eventos multitudinarios” (p. 414), fortaleciendo las diferencias ya existentes entre los integrantes de la muchedumbre, para poder reclutar a grupos no violentos en la muchedumbre como “aliados en la represión de la violencia.” (p. 414)

LA NUEVA PSICOLOGIA DE LA CONDUCTA MULTITUDINARIA Y EL MANTENIMIENTO POLICIAL DEL ORDEN PÚBLICO BASADO EN EL CONOCIMIENTO

El mantenimiento policial del orden público basado en el conocimiento se presenta como el acercamiento actual más refinado para entender y explicar la conducta colectiva y para proponer tácticas prácticas para controlar a los grandes grupos. Rompe claramente con otras teorías sociológicas/psicológicas al plantear que el grupo, y por lo tanto su conducta, no es ni irracional ni insensata, ni tampoco inherentemente beligerante.   Según esta teoría, la conducta colectiva no sería resultado del “contagio” rápido de pensamientos/actos psicológicamente frágiles y primitivos entre los integrantes del grupo, ni se disuelve la identidad de cada integrante del grupo en el anonimato de la muchedumbre como lo afirmó la pseudociencia cruda de Le Bon. Tampoco surge como consecuencia del actuar de individuos violentos que son atraídos por las muchedumbres, según afirmó otra figura clave de la psicología multitudinaria, Allport. Ambos acercamientos tradicionales según Drury y colegas, son equivocados, y, lo que es aun más importante, peligran el mantenimiento del orden público, ya que en muchos casos crean una profecía autocumplida (o sea que los integrantes de la muchedumbre efectivamente actúan de manera violenta), echándole así gasolina al fuego. Según Drury y colegas, al percibir la conducta colectiva como resultado de una mente colectiva primitiva (el acercamiento de Le Bon del “populacho loco”) o basado en el carácter de los integrantes (la teoría “violentista” de Allport) los policías no hacen nada mejor que “ubicar la causa de la violencia totalmente adentro de la muchedumbre” y no en la “interacción entre la muchedumbre y la policía” (p. 403).

En esta interacción se enfoca su acercamiento “basado en el conocimiento”. Para investigar las dinámicas multidimensionales de esta interacción, Drury y colegas dan un paso atrás para profundizar la cuestión de la identidad individual y colectiva. Según ellos “la base conceptual fundamental que subyace tanto a la psicología multitudinaria Leboniana como sus críticas Allportianas es que las normas que controlan nuestra conducta se asocian con la identidad individual. Si en la muchedumbre se despeja la identidad individual (Le Bon) o integrantes individuales de la muchedumbre tienen una identidad defectuosa (Allport), la conducta de la muchedumbre será incontrolada y las inhibiciones normales contra la agresión le serán restadas.” (p. 405) Con todo, según ellos, 30 años de investigación sobre la identidad social “ha desarmado sistemáticamente la noción particular de la identidad que subyace a las psicologías multitudinarias clásticas. Efectivamente, según indica su nombre, la tradición de la identidad social rechaza la idea de que las personas sólo tengan una única identidad personal. Argumenta que la identidad debería concebirse más bien como sistema en el que partes distintas gobiernan nuestra conducta (o sea, son de trascendencia psicológica) en contextos diferentes. Claro está que hay momentos en que nos vemos en el marco de nuestras identidades personales: Lo que nos hace únicos como individuos y nos distingue de otros individuos. Pero en otros momentos nos vemos más bien como integrantes de un grupo (Soy británico, soy policía, soy católico, o lo que sea) y en el sentido de lo que distingue a nuestro grupo de otros grupos. O sea que nos vemos en términos de nuestras identidades sociales” (p. 405-406). Y concluyen que “en el sentido psicológico, el traslado desde la identidad personal a la identidad social es lo que posibilita la conducta colectiva” (p. 405-406).

Pero no todos los grupos son iguales. Drury y colegas distinguen entre “un grupo físico de personas (lo que denominan un “conjunto”) y un grupo psicológico. Lo primero se refiere simplemente a un grupo de personas que están copresentes, mientras esta última denominación se refiere a las personas que subjetivamente se ven como pertinentes a una categoría social común. El mismo conjunto quizá no contenga ningún grupo psicológico (…), un grupo psicológico (…), o incluso varios grupos psicológicos distintos (…). Además, los grupos psicológicos contenidos en ese mismo conjunto pueden cambiarse en función de los acontecimientos” (p. 406). Tal cambio según Drury y colegas es “más volátil y peligroso” (p. 407) en eventos de grupos grandes donde “las formas formales de discutir y ponerse de acuerdo sobre normas colectivas – y cómo aplicar esas normas a situaciones novedosas” (p. 407) están ausentes, mientras “los eventos de grupos grandes involucran por lo general, el contacto cara a cara entre grupos distintos – o un grupo contra otro (…) o – muy frecuentemente y de interés inmediato en el presente – entre los integrantes de la muchedumbre y las fuerzas policiales” (p. 407). Prosiguen, diciendo que “la relación y el equilibrio entre las agrupaciones en el seno de la muchedumbre depende de manera crítica de la interacción entre la muchedumbre y las personas ajenas a ella” (por ejemplo la policía) (p. 407). “O sea que, si la policía tienen tanto la tendencia como la capacidad de tratar a todos los integrantes de una muchedumbre como si fueran iguales, esto crearía una experiencia común entre los integrantes de la muchedumbre, que probablemente los haga formar una unidad como grupo” (p. 407).

Por lo tanto, Drury y colegas proponen tácticas policiales que no sólo impiden la unificación de los integrantes de una muchedumbre, sino por el contrario perpetúan – o mejor dicho, extienden – las divisiones que ya existen entre ellos (por ejemplo entre manifestantes violentos y no violentos) de manera que los integrantes participen activamente en la represión de sus asambleas.  En sus palabras, el objetivo NO es “perturbar la voluntad de los integrantes de la muchedumbre de contener la violencia de los que están en su medio, lo que nosotros denominamos ‘autorepresión’ (self-policing)” (p. 408), así que “sí sugerimos que este entendimiento [de los “procesos mediante los cuales se intensifica y se desintensifica la violencia” (p. 409)] puede servir de guía a la policía para actuar de maneras que puedan minimizar los conflictos y maximizar las oportunidades para instar a los integrantes a actuar ellos mismos para alcanzar tal fin.” (p. 409) Los pacos tendrán éxito “al facilitar estos [objetivos e intenciones legales que caracterizan a los manifestantes no violentos]” (p. 409) y por ende “no solamente evitarán que surja violencia de parte de tales participantes, sino también se ganarán su cooperación para tratar con la minoría de los otros. Pero esto sólo se hace posible cuando haya información que permita a la policía entender las prioridades de estos grupos y desarrollar prácticas que permitan que se alcancen los objetivos legales” (p. 409)…

DE LA TEORIA A LA PRÁCTICA

A Drury y colegas no les pagan por limitarse a participar de un debate puramente teórico. A sus lectores – entre los cuales como ya se mencionó más arriba, figuran las escalafones más altas de las fuerzas policiales, investigadores, políticos, y otros asesores académicos de los pacos – les suministran guías prácticas sobre las tácticas policiales más oportunas. A tal fin, dan dos “ejemplos prácticos del trabajo policial basado en el conocimiento”. Es importante tener en cuenta que, habiendo tratado ya los detalles prácticos, Drury y colegas piden a sus lectores tener en cuenta que su acercamiento “lo que proporciona es una manera de formular las preguntas desde las cuales se pueden desarrollar tales detalles” (p. 414), y no se trata en absoluto del “mantenimiento del orden público basado en una solución única. Los aspectos concretos siempre deben ajustarse al evento concreto (p. 414).

Los dos ejemplos mencionados son las protestas antiglobalización en Londres en el año 2001 y el campeonato europeo del fútbol del 2004. Se utiliza el primero como ejemplo de lo que hay que evitar, ya que los pacos decidieron acorralar a todos los manifestantes. O sea que no “comunicaron de manera eficiente” los motivos de su actuación a los no violentos, creando “no sólo una experiencia compartida entre los manifestantes, sino también un sentido compartido de la ilegitimidad del actuar policial”, lo que puede aumentar la posibilidad de conflictos futuros. Por lo tanto, en vez de “llevar a los integrantes pacíficos a identificarse con la policía y oponerse a las facciones violentistas” (p. 410), la policía les facilitó “su identificación con las facciones violentistas y en contra de la policía” (p. 410).  Los autores dedican varios párrafos a la descripción de lo que no funcionó (acorralamiento total, falta de una estrategia comunicacional global, etc.) antes de describir lo que habría sido la táctica represiva adecuada si los pacos hubieran seguido su “acercamiento diferenciado” (p. 410).  La táctica represiva adecuada según los autores debería incluir (además de la “inteligencia criminal”) las “nuevas tecnologías comunicativas”, “un proceso de filtrado selectivo” y la imposición de condiciones humillantes a los acorralados como “quitarles ropa que impide la identificación individual, el abandono de pancartas, botellas y otros objetos que podrían ser usados como armas”…  De hecho parece que sus notas críticas han sido bastante convincentes, así que fanfarronean que sus consejos “han sido adoptados por la Policía Metropolitana (de Londres), y nos han dicho en comunicaciones personales que han sido aplicados en varias ocasiones con bastante efecto” (p. 412)…

Al contrario de las protestas antiglobalización de 2001, el campeonato europeo del 2004, en que dos de los autores fueron activamente involucrados en cooperación con las autoridades locales (p. ej. La Policía Portuguesa de Seguridad Pública) se menciona como modelo de lo que debería ser la estrategia policial y cómo los pacos deberían actual bajo circunstancias exigentes de ese género. Según el artículo, cuatro “niveles de intervención policial fueron desarrollados para crear una relación cercana y positiva con los integrantes del grupo, pero también para detectar indicaciones de un desorden incipiente. (p. 412). Con otras palabras, se siguió una estrategia de represión graduada. El primer nivel de intervención policial lo llevaron a cabo “agentes uniformados que trabajaban en parejas y se distribuyeron uniformemente por toda la muchedumbre en la ubicación geográfica relevante – en vez de permanecer meramente al margen.  Su función principal fue establecer una presencia policial que posibilitara acciones ulteriores. Los agentes fueron entrenados especialmente para comportarse de manera amistosa, abierta y accesible.  Se relacionarían con los integrantes de la muchedumbre y apoyarían en lo general la meta de Euro 2004 de ser el “carnaval del fútbol”. Al mismo tiempo, la presencia (y aceptación) de estos agentes en la muchedumbre les permitió encontrar señales de tensión y conflictos incipientes (como por ejemplo abusos verbales a fans del otro equipo). Por lo tanto pudieron reaccionar rápidamente a incidentes menores de desorden emergente y asegurarse de que su actuar se dirigiría sólo en contra de los individuos que realmente se comportaban de manera revoltosa sin impactar a los otros integrantes del grupo” (p. 412). Además del hincapié que se hace en las detenciones preventivas selectivas, “donde el desorden persistía o se intensificaba, la intervención policial subió al nivel 2.  En este nivel se acercaron grupos mayores de agentes, siempre en sus uniformes normales. Su función fue comunicarse con los fans de manera no polémica, reafirmar normas compartidas respecto de los límites de la conducta aceptable y destacar los casos de incumplimiento de dichas normas y las consecuencias de tal incumplimiento. Si esta medida no tuviera éxito, la intervención subiría al nivel 3. Los agentes se pondrían equipo protectivo y sacarían sus bastones, siempre buscando concentrar sus acciones en la forma más precisa posible. Si esta medida todavía fuera insuficiente, las fuerzas especiales de la PSP, el Corpo de Intervenção, estaban listas con equipo protectivo completo y guanacos para subir al nivel táctico Nº 4” (p. 413).

LA SOCIOLOGÍA DOMINANTE Y LOS PSICÓLOGOS SOCIALES DE LA DESVIACIÓN

Una excusa que ocupan comúnmente los académicos que colaboran con el Estado y sus diversos mecanismos represores es que su labor sería de valor puramente teórico. Al parecer, aquí no es el caso, ya que los autores estiman necesario respaldar sus principios teóricos con pruebas fuertes obtenidas de estudios de campo, presentando a la vez el resultado práctico de la implementación de sus guiones “en todas las zonas (de Portugal) que se encontraban bajo el control de la Policía de Seguridad Pública (que cubre todas las grandes ciudades de Portugal además siete de los diez lugares en que tuvo lugar el torneo) (p. 412).

Otra excusa que se ocupa de manera descarada es que no estarían haciendo más que abogar por tácticas policiales de orden público que sean menos violentas/más democráticas. Pero eso aquí tampoco es del caso, ya que los autores no discrepan fundamentalmente o en base a sus puntos de vista políticos (de cualquier tipo, desde el conservadurismo, pasando por el reformismo liberal, hasta el “radicalismo”) con que las fuerzas policiales actúen con suma violencia, sino que su discrepancia es tan sólo cuestión de la táctica y las relaciones públicas.o Si Drury y colegas rechazan la violencia policial indiscriminada, no es porque favorezcan a los manifestantes anticapitalistas o a los fans del fútbol, sino porque creen sinceramente que la aplicación indiscriminada de la violencia policial les puede salir por la culata, es decir, volver a la mayoría de los integrantes de la muchedumbre, tanto activistas violentos como no violentos, en contra de los pacos. No es de sorprenderse que apoyen la presencia de fuerzas especiales en las cercanías (fuera de la vista de la muchedumbre) para el caso en que los conflictos se hagan agudos (por ejemplo en los niveles 3º y 4º de intervención policial en el campeonato europeo de 2004), mientras sugieren enfáticamente que las “acciones policiales” (término que se refiere a la brutalidad policial en su jerga académica) se apliquen de manera cuidadosa y sumamente selectiva.

Igualmente llama la atención el que escriban a 100% desde la perspectiva policial. No será por pura casualidad que Drury y colegas prefieran referirse de manera neutra a los integrantes y participantes de las muchedumbres, ni que presenten a los pacos como meras fuerzas de paz y facilitadores que permiten que los manifestantes obedientes de las leyes alcancen sus objetivos.  “El enfoque principal de las estrategias policiales en los eventos de grandes grupos debe ser el maximizar la facilitación de los objetivos de la muchedumbre” (p. 409), y por eso la policía tiene que explorar las medidas que “puedan facilitar caminos alternativos para alcanzar los objetivos legítimos” (p. 410). Teniendo presente todo lo anterior, ¿acaso a alguien le sorprende el que Drury y colegas “(utilicen) el término ‘mantenimiento del orden público’ justamente porque (asocien) las muchedumbres con los desórdenes públicos” (p. 403)?

Es obvio que Drury y colegas ya tomaron partido en la guerra de clases hace rato, y que su deseo de superar “conflictos aparentemente insolubles entre la policía y otros grupos alienados (no violentistas) en nuestra sociedad” (p. 414) claramente tiene por objetivo la pacificación de las luchas de clase. Esto lo evidencian también los ejemplos que presentan: “En la medida que las relaciones entre las fuerzas policiales y las muchedumbres sean emblemáticas de relaciones entre los grupos más amplios de que provienen los integrantes de la muchedumbre (por ejemplo, casos como los disturbios de Brixton y Toxteth dieron la impresión de cristalizar las relaciones negativas entre la policía y la población negra en Gran Bretaña), las intervenciones policiales podrán tener un efecto profundamente positivo en la labor policial en general” (p. 404, negrita nuestra).

Su perspectiva policial se pone en evidencia igualmente por el hecho de que los autores no vean ningún otro determinante que pueda servir de lazo entre los integrantes de la muchedumbre, superando las diferencias preexistentes, que las dinámicas internas del grupo, o sea las dinámicas entre los integrantes del grupo y los “forasteros” (la policía). Para ellos, los integrantes de la muchedumbre se encuentran allá por pura casualidad, careciendo su presencia casi totalmente de contexto social, un subgrupo social en medio de un vacío social. Es interesante mencionar el ejemplo que usan sobre los pasajeros del tren (p. 406)… ¡Qué metáfora más apropiada para su modo de percibir la sociedad! Drury y colegas ignoran adrede el hecho de que, aunque puedan existir divisiones entre los manifestantes respecto de ciertos aspectos, según sus puntos de vista políticos distintos o los medios que estén dispuestos a emplear, también pueden ser unidos en contra de reformas neoliberales concretas, impuestos al sufragio, el capitalismo, y eso desde mucho antes de que tal unidad se vea consolidada por las tácticas indiscriminadas de la policía. Los académicos también están muy inclinados a presentar a los varios grupos subculturales (p. ej. violentistas) de una manera bastante unidimensional, percibiéndose sus conflictos con los “forasteros” como hechos aislados, limitados y “antisociales”. Visto todo lo anterior, parece que Drury y colegas se ubican muy cerca de la pseudociencia naturalista de Le Bon que dicen rechazar.

¿A QUÉ VIENE TODO ESTO?

Este tipo de investigación y desarrollo de modelos evidentemente, es de importancia clave para la policía y otros mecanismos del estado, sobre todo tras el brote reciente de disturbios urbanos en el Reino Unido. No es de sorprenderse que un nuevo proyecto gigantesco de investigación de campo, que lleva el título Reading the Riots [vii] ha sido anunciado con el respaldo del diario británico The Guardian, la London School of Economics y el Ministerio de Justicia, unas pocas semanas después de la rebelión. El proyecto Reading the Riots se basará en entrevistas con más de 1.000 participantes de los disturbios que ya han sido detenidos y comparecido ante los tribunales – un método investigativo que de paso, Drury y colegas ocupan muy a menudo – y en un examen de más de 2,5 millones de tuits relacionados con los disturbios. Suponemos que uds. ya han seguido atentamente estos intentos contrarrevolucionarios de fortalecer el orden público en los barrios proletarios y que han examinado los nuevos métodos ya aplicados por la policía británica para reprimir eficazmente todo levantamiento social en el futuro.[viii]

En nuestra parte del mundo también hemos experimentado la implementación de tácticas policiales parecidas a las promocionadas por Drury y colegas en su artículo. Un par de ejemplos: Miembros de los sindicatos policiales han intentado acercarse a algunos de los manifestantes no violentos del “movimiento de las asambleas populares” para que se diera lectura a una proclama de dicho sindicato durante la asamblea general diaria en la Plaza Sintagma el junio pasado, intento este que por suerte encontró la desaprobación general de parte de los manifestantes. Además, la policía y los medios de comunicación han tratado repetidas veces, de intensificar divisiones existentes entre los manifestantes violentos y no violentos mediante el uso continuo de la propaganda de los “cuculofori” [ix] o los agentes provocadores para desprestigiar a los sectores más violentos del proletariado.  Desde el mismo comienzo de este movimiento, grupúsculos de izquierda han tratado de impedir cualquier enfrentamiento violento con la policía, y en algunos casos lo siguieron intentado incluso durante los disturbios, mientras los partidos de izquierda han soltado denuncias crudas contra los proletarios violentos, alimentando así la histeria provocadorológica oficial [x]

Se sabe que la policía griega (ELAS) y la Policía de Investigaciones británica (Scotland Yard, incluyendo también las fuerzas especiales) llevan ya varios años colaborando en distintos niveles, ofreciendo este último sobre todo entrenamiento, asesoría, apoyo técnico e incluso personal. La detención de miembros del grupo armado nacionalista de izquierda 17 de noviembre hace casi 10 años, que se basó en entrevistas con varios izquierdistas, o el secuestro e interrogatorio ilegales a 7 inmigrantes (en su mayoría paquistaníes) pocos días después del atentado terrorista en Londres en 2005 son unos pocos ejemplos del resultado de tal colaboración, que incluye también eventos como los Juegos Olímpicos del 2004 o las guías sobre cuestiones de extranjería y control fronterizo. Recientemente unos seminarios dirigidos a los escalafones altos de la policía griega fueron organizados por Scotland Yard.  Solo podemos adivinar lo que fue analizado durante esos seminarios. Según algunos artículos en la prensa, con todo, parece que se comentaron también las tácticas para reprimir a los “indignados”. Por lo tanto es muy probable que se les presentara a los pacos griegos unas teorías y guías practicas parecidas a las elaboradas por Drury y colegas.

En todo caso, quisiéramos instar a los internacionalistas y antiautoritarios británicos a llevar a cabo una contrainvestigación proletaria más rigurosa. Tal investigación podrá incluir (pero no debe limitarse a) lo siguiente: Artículos de la prensa, proyectos de investigación para asesorar a los pacos (sobre todo los de las facultades de sociología/psicología etc.), blogs y páginas web policiales y/o la literatura abundante sobre el control de grandes grupos, para nombrar tan sólo unas cuantas medidas obvias. De esta manera esperamos que en el entorno internacionalista se pueda descubrir, difundir y comentar datos (p. ej. artículos científicos, guías policiales, informes u otros detalles sobre seminarios policiales, proyectos de investigación de campo, entrevistas por sociólogos a activistas, etc.) relacionados con la psicología multitudinaria basada en el conocimiento y las estrategias policiales modernas que los pacos emplean en nuestra contra para poder desarrollar nuestras propias contraestrategias. Hay que grabar testimonios personales acerca de la implementación de tales estrategias policiales en manifestaciones o disturbios para difundirlos y comentarlos entre nosotros. Los intentos de parte de diversos sociólogos para acceder a nuestro entorno para entrevistar a activistas deben encontrar el rechazo más firme, por no decir otra cosa.[xi]. Todos sabemos perfectamente que lo que buscan es entendernos, entender nuestras comunidades temporales de lucha, nuestros pensamientos, nuestra forma de organizarnos en contra de este mundo de capital en vías de descomposición y sus espectáculos para utilizar esos conocimientos preciosos en nuestra contra para hacer añicos nuestra unidad. ¡Nuestra respuesta debe ser igualmente colectiva y basada en el conocimiento!

 

Un abrazo solidario,

TPTG

6/10/2011

PS: Esta carta ha sido publicada en ingles en Libcom, Infoshop, Revleft, Anarkismo, Anarchistnews, UK Indymedia y Athens Indymedia.

PS2: El artículo de la revista Policing se encuentra bajo este enlace: http://www.liv.ac.uk/Psychology/cpd/Reicher_et_al_%282007%29.pdf

 

[i] A los que no hayan leído ninguno de nuestros textos en inglés los invitamos a visitar los siguientes enlaces: http://www.tapaidiatisgalarias.org/?page_ido105 y www.libcom.org/tptg

[ii] Nos referiremos a esta pandilla científica como “Drury y colegas” en lo siguiente.

[iii] Véase: http://libcom.org/library/aufheben-behind-the-twenty-first-century-intifada-treason-pamphlet

[iv] Véase: http://www.sussex.ac.uk/profiles/92858

[v] Véase la página oficial: http://www.oxfordjournals.org/our_journals/policing/about.html

[vi] Toda cita seguida por un número de página deriva del artículo mencionado, que se encuentra adjunto a la presente carta abierta para iniciar un debate más riguroso.

[vii] Véase por ejemplo: http://www.guardian.co.uk/uk/2011/sep/05/reading-riots-study-guardian-lse

[viii]. Por supuesto no nos limitamos a afirmar simple e ingenuamente que de ahora en adelante, la policía reestructurará su estrategia para basarse solamente en las guías de Drury y colegas. La táctica policial siempre ha sido bien diversa, desde Divide et impera y el dogma de la “táctica graduada” hasta la “tolerancia cero” y el uso indiscriminado de la fuerza brutal según el equilibrio de poderes que exista en un momento determinado.

[ix]. Este término se refiere a los que van encapuchados en los choques violentos con los pacos para ocultar sus caras y evitar detenciones.

[x]. Para una primera descripción de los eventos véase nuestro Preliminary notes towards an account of the «movement of popular assemblies» que se puede descargar en: http://www.tapaidiatisgalarias.org/?page_ido105

[xi] Véase: http://www.guardian.co.uk/uk/2011/sep/07/england-riots-researchers-wanted

http://www.tptg.gr